Autor: Sabrina Corbacho (Estudiante de Ciencias Políticas UCEMA)

Dicen que la fe es creer en lo que no se ve. La sociedad argentina parece guiarse por las expectativas y no por los hechos. La confianza mutua es el componente clave de los compromisos, pero parece ser que unos creen y otros traicionan sin sufrir las consecuencias.

Así como lo indicó el divulgador y polemista Frédéric Bastiat en uno de sus ensayos, tanto las decisiones políticas como también económicas están fuertemente determinadas por lo que se ve y lo que no se ve. Las acciones visibles no siempre son las más indicadas para planificar a largo plazo, sin embargo son las más redituables
políticamente hablando.

En una sociedad con escasas expectativas e incertidumbre, este tipo de decisiones son las más adecuadas, ya que generan un bienestar momentáneo.

Hay una fuerte correlación con los gobiernos que viven en constantes crisis y terminan gobernando por decretismo. Si bien parece lo más accesible, la realidad es que tomar decisiones de esta índole son malas elecciones. Sobre la superficie parecen suplir una necesidad inmediata, pero si se analiza con mayor profundidad, las consecuencias sociales terminan siendo aún peores, dirigiendo un país hacia un callejón sin salida.

En este mismo momento nos encontramos en una situación difícil de remontar. Las medidas aplicadas como prevención al contagio del Covid-19, han terminado por deteriorar una Argentina que ya se encontraba en estado crítico. La extensión del Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio ha sobrepasado la capacidad del
sistema y es justamente esta una mala decisión
.


Lo que siempre quiso mostrar el gobierno y lo que se ve a simple vista son las medidas que ha tomado, como aquellas que fueron rápidas y que siempre priorizaron la salud de la población. Es un discurso que trata de convencer sobre las ventajas del distanciamiento para evitar el colapso del sistema de salud. Pero casi 7 meses más tarde nos encontramos con el triple de los problemas que había en aquel entonces. Una economía devastada, instituciones democráticas que corren peligro y problemas de salud emocional en las personas gracias al encierro y la imposibilidad de estar en contacto.

Estas consecuencias son las que no se ven, y las que tampoco se deciden visibilizar. Nadie supo cómo manejar esto desde el inicio, pero la experiencia nuestra y de otros nos enseña a probar diferentes caminos a medida que pasa el tiempo.

Lo que no se ve es que el sistema de salud sigue en el mismo estado y que las muertes en vez de disminuir han aumentado. Al ser prácticamente imposible transitar los hospitales y determinar con exactitud la evolución de los datos estadísticos, encontrándonos en una situación extraordinaria, el control y las cuentas son difíciles de ver y llevar para la sociedad.

Lo que se ve parece ser bueno, pero lo que no se ve se basa en el ocultamiento y la desinformación que tapan los hechos y contradicciones que verdaderamente existen.

Esto nos lleva a preguntarnos entonces, ¿cómo revertir una historia que fue contada de la misma forma durante largos períodos de tiempo y que termina por instalarse generando una decadencia estructural?

Si llegamos a hacernos esta pregunta, es que somos aquellos que ven lo que no quiere ser visto. Al encontrarnos de este lado de la historia, nos enfrentaremos a unas cuantas dificultades, comenzando por el dilema de quién determina la realidad. En este punto nos encontraremos con dos tipos de personas, las que no tienen información suficiente al alcance de sus manos y las que a pesar de tener acceso deciden no verlo.

Las primeras serán la oportunidad para mostrar que hay una realidad distinta de las cosas y de este modo demostrar una visión más amplia de la situación. Las segundas, en cambio, deciden creer en lo que se ve sin ir más allá en el asunto teniendo una infinidad de razones para hacerlo.

Pasando al plano político, los tomadores de decisiones podrán tomar el camino del egoísmo y el poder o el camino del cálculo político. Elegir el camino del mantenimiento del poder a cualquier costo es ir en contra de la democracia y por ende tomar malas decisiones. El cálculo político de los medios, en cambio, permitirá conciliar los fines y los medios para generar un equilibrio y conseguir una acción inteligente con mayor certidumbre.

De lo contrario, las acciones serán torpes generando aún más inestabilidad. Creer significa confiar, por lo que cuando se traiciona, la sociedad debe reaccionar y tomar cartas en el asunto. Quienes hayan despertado tendrán el deber moral de concientizar sobre lo que no se está viendo e iluminar la verdad para así no abandonar el camino de la constante vigilancia de la democracia.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN VISIÓN LIBERAL

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