Autor: Franco Marconi (Estudiante de Relaciones Internacionales UCEMA)

El eje de la unidad nacional Argentina se encuentra quebrado, destrozado por el azote de los extremismos y el disenso tan intrínseco en la historia y por tanto en la actualidad. En este país, el nacionalismo, aquel proyecto político que asemeja a un monólogo, debido a su falta de aceptación a la crítica, se acrecentó de manera desmedida, sin embargo, no fue el nacionalismo puertas afuera, sino que el nacionalismo puertas adentro, el de índole ideológico.

El arado de la demagogia dejó un surco que separó a la nación en dos partes que, ante tanto discurso de odio batallan por lo obtención del poder, las calles y las mentes. Una gran mayoría de los argentinos, sin importar su carga ideológica sufre de una desconsideración, por no decir desprecio, hacia el sentimiento nacional, aquel que nace del eje de unidad y se expande a lo largo de la cultura y es transferido por las generaciones.

Sin embargo, al no existir tal, o de existir, al encontrarse tan descuidado, se generó una transferencia de nacionalismo al interior de la política, sus líderes y sus proyectos. Es, bajo esta regla que muchos de los jóvenes e integrantes de esta cultura pro nacionalismo ideológico fallan cuando se les llama a levantarse por la patria, pero son rápidos para asaltar a aquel que esté en desacuerdo sobre qué es lo mejor para la patria. Esta cuasi guerra civil no tiene carácter conciliador ni centrípeto, más bien la sociedad se encuentra cada vez más radicalizada en su propia percepción de pueblo o Argentina verdadera, realizando cada vez más actos en contra de la libre expresión, desnacionalizando a uno u otro grupo y por tanto hundiéndose más en su propia fantasía y fragmentando aún más ese eje nacional.

Como toda movilización que se enemista con el gobierno, como por ejemplo la del 12 de octubre1, recibe una serie de respuestas lacerantes, ya que se busca hacer escuchar a un gobierno inflexible que, como ha hecho a lo largo de la historia y es tan común en la cultura, utiliza la demagogia para acentuar el discurso ideológico que acrecienta el nacionalismo local y por tanto la intolerancia y la violencia2 .

Las respuestas de Cafiero (Nota al pie 2) hablan por sí mismas. La denigración de los manifestantes y la separación de ‘Ellos y Nosotros’ es evidente, no cualifican como el pueblo, en su percepción al menos. Esto llevó al jefe de gabinete a agrandar el surco pasando una y otra vez el arado de la demagogia y los discursos de odio. Como respuesta al mismo, muchos dirigentes opositores se levantaron para defenestrar a Cafiero, subiéndole tensión a la guerra de nacionalismos ideológicos que sufre la nación.

Esto nos denota un claro análisis, existe una defensa a muerte de ‘Mi gobierno’ y un odio irreparable de ‘Su gobierno’, una división en el eje, ¿Dos Argentinas? Esta clase de nacionalismo que lleva al extremo el belicismo dentro del propio país es una conducta extremadamente anti – democrática, completamente destructiva de las instituciones políticas y generador de un deterioro social propio de una guerra civil, pero sin levantamiento de
armas, más bien una guerra civil fría.

En adición, esto nos lleva a creer en una batalla de intolerancias que, en su clímax puede llegar a ser devastadora, y más aún si ambos bandos componen su cúpula con lideres divisorios, debido principalmente a los discursos nacionalistas, se ve al ‘Otro Argentino’ como un invasor y enemigo, lo que llevaría al máximo uso de la fuerza en defensa de ‘Mi patria’.

Referencias

1 https://www.lanacion.com.ar/politica/12o-empiezan-movilizaciones-diferentes-puntos-del-pais-nid2477393
2 https://www.infobae.com/politica/2020/10/13/santiago-cafiero-los-argentinos-que-se-manifestaron-ayer-
no-son-la-gente-no-son-el-pueblo/

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN VISIÓN LIBERAL

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