Autor: Agustín Abreu (Estudiante de Ciencias Políticas UCEMA)

Dentro del estudio de la política hay definiciones que juegan un rol fundamental, intervienen en el día a día tanto de los gobernantes como de los gobernados y muchas veces pasan desapercibidos. El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) afirmaba que una fuente fundamental del poder de cualquier gobernante es la legitimidad. En una definición breve se podría decir que la legitimidad es lo que posibilita a los gobernantes a mandar y obligar a los ciudadanos a acatar sus demandas. Según Weber, si existe una autoridad significa que hay personas que, posiblemente, obedezcan una orden especifica que el mismo emite. En los regímenes democráticos es mucho más probable ver este tipo de situaciones, ya que los gobiernos son elegidos mediante el sufragio, son las personas las que le otorgan esa legitimidad ya que ven a ese candidato apto para el ejercicio de gobierno. Ahora bien, ¿Qué sucede en el caso de nuestro país?

Alberto Fernández fue designado en la lista del Frente de Todos cómo presidente, con el objetivo de lograr un margen lo más amplio posible en las PASO, situación que logro, imponiéndose por 15 puntos sobre Mauricio Macri. El 27 de octubre de 2019, definitivamente, Alberto Fernández se impone en las elecciones generales, pero por una diferencia mucho menor de la esperada, de todas formas, comienza su ejercicio de gobierno con la legitimidad propia de un gobierno elegido por el voto popular. Al poco tiempo de iniciado su mandato, debe hacerse cargo de una situación inédita e inesperada, un virus desatado en la ciudad China de Wuhan, comienza a hacer estragos en el mundo por su facilidad de contagio y el peligro para las personas mayores. El gobierno argentino, en forma de prevención, el 20 de marzo de 2020 decreta el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el territorio del país, medida que fue tomada, en general, por positiva por los ciudadanos, que acataron el decreto y se encerraron en sus casas. A medida que avanza el tiempo, Alberto Fernández, Axel Kiciloff y Horacio Rodríguez Larreta fueron estirando la cuarentena obligatoria, obligando a las personas a seguir estrictamente la norma, cerrando bares, restaurantes, empresas, pequeños comercios, etc. Estos anuncios de extensión de cuarentena colocaron en un profundo descontento e incertidumbre a los ciudadanos en general, privándolos de su trabajo por un tiempo demasiado largo, por lo que comenzaron las críticas generalizadas al gobierno de turno, el desobedecimiento de la ley y se hizo más visible la economía informal. El quiebre de esta situación, comienza el 19 de junio, donde el Gobierno confirma la expropiación de la empresa agroexportadora “Vicentin” que significaba un claro avance sobre la propiedad privada, lo que significo movilizaciones masivas a nivel nacional, sobre todo en las ciudades santafesinas de Avellaneda y Reconquista, las personas comenzaban a observar la verdadera cara de la moneda sobre la cuarentena eterna impuesta en el país, el gobierno, poco a poco, comenzaba a perder influencia sobre los ciudadanos, los cuales entendían la expropiación como un paso más hacia el modelo venezolano. Alberto Fernández, finalmente, entendió que, si continuaba el proyecto de expropiación, caería mucho su autoridad sobre los ciudadanos, por lo que decidió dar marcha atrás con el proyecto Vicentin, pero sostuvo la cuarentena obligatoria. Pero, faltaba la cereza del postre. El 29 de julio el gobierno presenta el proyecto de Reforma Judicial, creando 1000 cargos judiciales nuevos con un costo aproximado de $12.000.000, entre otros artículos innecesarios en la mayor caída de la actividad económica de la historia, con 35.000 pymes cerradas y una aproximación de 40,2% de pobreza según la ONU.

“Si alguna vez sienten que me desvío salgan a la calle a decírmelo” -Alberto Fernández en campaña.

El 17 de agosto, se realizó una multitudinaria marcha en muchos puntos del país, miles de personas se movilizaron sin ninguna convocatoria partidaria, la población hablo y se manifestó rotundamente en contra sobre el rumbo del gobierno, criticando la cuarentena eterna, el quiebre de pymes, la inseguridad, el proyecto económico, entre otros. Los gobernados, poco a poco, entienden que el decreto de emergencia se convirtió en un modo de gobierno y no en un modo de prevención. Los testeos fueron muy pocos, la cuarentena innecesariamente extensa y con objetivos perversos que nada tienen que ver con la prevención de la enfermedad. Desde el exterior, según el diario británico “The Telegraph” la cuarentena en nuestro país fue “Un desastre” que no pudo contener ni el contagio, ni las muertes y destruyo la economía.

“Si el congreso tiene que sesionar de esta manera, vallado y militarizado, es porque lo que se esta debatiendo adentro va en contra de los intereses de la mayoría” -Cristina Kirchner, reforma previsional.

 Posteriormente, el 26 de agosto, grupos amplios de personas acamparon en los alrededores del parlamento, en rechazo a la reforma judicial solicitada por el poder ejecutivo, alrededor del congreso, se podían ver las vallas y las fuerzas de seguridad custodiando el edificio, medida que fue ampliamente criticada por el actual oficialismo durante el gobierno de Mauricio Macri y la famosa Reforma Previsional. Finalmente, el 1 de septiembre, el oficialismo se encuentra con un nuevo obstáculo, en este caso, dentro del congreso. Los diputados de Juntos por el Cambio confrontaron al Frente de Todos para finalizar con las sesiones virtuales y volver a la presencialidad, claramente, con el foco puesto en una agenda que viene muy pesada en la cámara: la reforma judicial, impuesto a las fortunas y los cambios propuestos de la fórmula jubilatoria.

 El gobierno contabilizaba 2 manifestaciones amplias en menos de un mes, en el pico de contagios y cada vez con un margen menor de respeto por los decretos emitidos por lo que no tenía otra opción más que comenzar la apertura formal y gradual de la cuarentena, que cada vez era menos respetada. Lo más interesante de esto, es que pareciera que los detalles son de un gobierno de mandato completo, la realidad es que solo pasaron 6 meses desde que el presidente asumió su cargo, en los cuales su imagen positiva según sondeos cayo 6%, un porcentaje muy alto por el poco tiempo desde que ejerce. Sumado a esto, vemos cómo figuras internas del justicialismo comienzan a soltarle la mano, un caso claro es el ex presidente Eduardo Duhalde, sus declaraciones publicas afirman un posible golpe de estado.

En Argentina estamos muy acostumbrados a los atropellos por parte de la elite política, los cuales cuentan con la legitimidad propia de un gobierno democráticamente elegido, pero pareciera notarse una creciente movilización dispuesta a enfrentarse al gobierno de turno y limitar su ejercicio, en estos momentos, vemos al presidente emitir comunicados de extensión de cuarentena que son, prácticamente, ignorados por los ciudadanos, todo dependerá de la votación final de la Reforma Judicial y la postura que tomara el gobierno los próximos meses. La pregunta ahora es, ¿Cómo un gobierno puede perder legitimidad en un periodo de tiempo tan breve? ¿No será demasiado pronto, presidente?

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